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Tu segundo cerebro

 

Poseemos un verdadero cerebro dentro de nuestras entrañas, y su función neuronal es muy parecida a la actividad cerebral de la cabeza, de donde surge todo lo bello. El sistema digestivo posee una red extensa de neuronas, que se encuentran entre las dos capas musculares de sus paredes. La estructura de las neuronas digestivas es totalmente idéntica a la estructura de las neuronas cerebrales y tienen la capacidad de liberar los mismos neurotransmisores, hormonas y moléculas químicas. 

Os presento al Sistema Nervioso Entérico (SNE) o nuestro segundo cerebro. No es una metáfora; es un término oficial aceptado por la sociedad médica.

La importancia del SNE se ha puesto de manifiesto hace relativamente poco tiempo, con la publicación de los estudios de Michael Gershon, profesor y director del Departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Columbia en Nueva York, y precursor de la nueva ciencia denominada (Neurogastroenterología). Esta nueva disciplina estudia los síntomas de los trastornos psicosomáticos con expresión gastrointestinal, y los relaciona con el Sistema Nervioso Central.

 

 

El doctor M. Gershon estudió y analizó a fondo, durante 30 años de su carrera científica, la actividad y las conductas de las tripas humanas, y consiguió confirmar que nuestro Sistema Nervioso digestivo tiene su propia actividad cerebral e inteligencia. 

Su ensayo, publicado en 1999, representó un salto cuantitativo en la información sobre el sistema nervioso entérico con respecto a los conocimientos médico-científicos realizados hasta la fecha.

Según los nuevos datos, la cifra de neuronas que se encuentra en la red del intestino delgado llega a situarse en nada menos que 100 millones. Esta cifra representa, por ejemplo, un número considerablemente mayor que las neuronas de la médula espinal. El cerebro de las tripas es la mayor fábrica responsable de la producción y del almacenamiento de las sustancias químicas conocidas como neurotransmisores, la mayoría de los cuales son idénticos a los que se encuentran en el sistema nervioso central (SNC), tales como la acetilcolina, la dopamina, la serotonina. Estas sustancias regulan nuestro ánimo, bienestar emocional y psicológico, y constituyen un grupo de sustancias esenciales para la correcta comunicación entre las neuronas y el sistema de vigilancia. Representan a las (palabras) en el idioma neuronal. 

La presencia de una variedad tan amplia de neurotransmisores en nuestras tripas es una referencia clara y endiente de la complejidad y la riqueza del idioma digestivo y su capacidad de ejercer las funciones neuronales y expresar sus propias emociones. 

Gershon reveló que el 90% de seretonina ( la famosa hormona de la felicidad y bienestar corporal) se produce y se almacena en el intestino. Allí regula los movimientos peristálticos y la transmisión sensorial. Y solamente el 10 por ciento restante de la serotonina del cuerpo se sintetiza en las neuronas del sistema nervioso central, es decir, en el cerebro superior. 

Esta cantidad mínima de de serotonina cerebral tiene una importancia vital para el ser humano, cumple diversas funciones, tales como la regulación del estado de ánimo (la sensación de calma y bienestar), el apetito, el sueño, la contracción muscular, interviene en funciones cognitivas como la memoria y el aprendizaje. La serotonina es ( un mensajero de felicidad ), gracias al cual las neuronas pueden comunicarse, liberándola y volviéndola a captar, según las necesidades. 

Antes de esta revelación el mundo científico no se fijaba demasiado en este aspecto de los intestinos y no apreciaba mucho la red nerviosa que los recoge. El concepto vigente era que el cerebro superior predominaba con sus decisiones y que influya de forma unidereccional en es sistema digestivo. El proceso se dirigía desde el cerebro hacía la periferia. No obstante, las observaciones científicas del profesor Gershon nos permiten, en la actualidad, considerar que existe un proceso de influencia en ambos sentidos; una comunicación continua entre dos cerebros: el que se encuentra en nuestro cráneo y el otro, hermano suyo, que reside en las tripas.

Os puedo asegurar que esta relación entre dos cerebros, que transcurre en los niveles hormonales, metabólicos, emocionales…es bastante compleja, diríamos incluso "inintelectual", y además suele ser bastante democrática y respetuosa.

Fuente: Inteligencia Emocional de Irina Matveikova

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