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El cerebro social en internet

La naturaleza concibió el cerebro social para la interacción cara a cara, no para el mundo virtual. Por consiguiente, ¿cómo se relacionan los cerebros sociales cuando miramos un monitor y no directamente a otra persona? Contamos con una pista crucial sobre los problemas que presentan esas comunicaciones desde los inicios de internet, cuando los únicos que mandaban correos electrónicos eran los científicos, que utilizaban lo que por entonces se llamaba ARPANET. Esa pista son los mensajes ofuscados o flaming, que se envían cuando la persona se altera un poco (o mucho) y la amígdala toma las riendas de la situación, con lo que se escribe arrebatadamente y se hace clic en Enviar sin haberlo pensado bien. Y a continuación este producto del secuestro amígdalar aparece en el buzón de entrada de otro individuo. El termino técnico mas adecuado seria “ciberdesinhibición”, porque se ha comprobado que la desconexión entre el cerebro social y la pantalla libera el control que suelen tener sobre la amígdala las zonas prefrontales, más razonables.

La explicación de los mensajes ofuscados es que en internet el cerebro social no recibe información: a no se que se hable cara a cara vía teleconferencia, los circuitos sociales no ven nada. No saben cómo está reaccionando la otra persona y no pueden guiar nuestra respuesta (no pueden decir: “haz eso, no lo otro”), como sucede de modo automático e instantáneo en las comunicaciones cara a cara.

En lugar de funcionar como radar social, el cerebro social enmudece, lo que da rienda suelta a la amígdala para enviar mensajes ofuscados si sufrimos un secuestro.

Incluso una llamada telefónica esos circuitos reciben por el tono de voz gran cantidad de impulsos emocionales que permiten comprender los matices lo que se dice. El correo electrónico, por el contrario, no ofrece toda esa información.

Un motivo por el que esa conexión personal resulta tan importante en el caso de la comunicación virtual es la interfaz cerebro social/pantalla.

Cuando nos sentamos ante el teclado, escribimos un mensaje que consideramos positivo y hacemos clic en Enviar, lo que no comprendemos neurológicamente es que nadie recibe nuestros impulsos no verbales (expresión fácil, tono de voz, gesticulación, etc. ). El correo electrónico tiende a la negatividad: cuando el que lo manda cree que ha escrito algo positivo, el que lo recibe acostumbra considerarlo neutro. Cuando al primero le parece neutro, el segundo suele verle un tanto negativo. La gran excepción aparece cuando los dos se conocen bien; ese vinculo salva la tendencia a la negatividad.

Si aplicamos eso a los grupos que trabajan en línea, un principio de funcionamiento básico es que cuanto mas canales lleguen al cerebro social, mas fácilmente se lograra la sintonía. Así, en una videoconferencia se recibe impulsos visuales, corporales y vocales. Incluso en una teleconferencia la voz transmite una gran variedad de impulsos emocionales. Si de todos los modos se colaboran únicamente por vía escrita siempre es mejor conocer bien a la otra persona o al menos tener una impresión de cómo es, para contar con contexto al leer sus mensajes y superar la tendencia a la negatividad. Y lo más recomendable es salir del despacho y verse para hablar cara a cara.

Libro: El cerebro y la inteligencia emocional: nuevos descubrimientos de Daniel Goleman 

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El arte de escuchar

Cuando nos comunicamos con nuestros semejantes, rara vez escuchamos lo que nos dicen y a menudo ya estamos respondiendo antes de que el otro haya terminado de hablar. En cada interacción o relación ocupamos distintos roles: el que escucha pasivamente y es sólo una oreja para el que no para de hablar, el que se comunica emotivamente pero el otro no lo tolera, en fin, hay una multitud de formas, y todas tienen un punto en común, ninguno de ellos en realidad se está escuchando a sí mismo, y por tanto, no sabe cómo escuchar ni cómo comunicarse con el otro.

El tener orejas te permite oír pero al escuchar ya involucras la conexión interna para verdaderamente recibir, y especialmente, sentir. Entonces, el primer paso aquí es aprender a escucharte a ti mismo, y cuando logras esto puedes profundamente escuchar a todos. De esta manera experimentarás el poder de transformación que esto conlleva para ambas personas involucradas. Entonces, ¿cómo podemos modificar esto? ¿Cómo abrir las avenidas para escucharnos cada vez mejor? ¿Cómo lograr cambiar y así escuchar verdaderamente lo que los otros quieren comunicar?

El primer paso es darnos cuenta de que la repetición de nuestras acciones, de nuestras actitudes, nos llevan siempre al mismo lugar, ese lugar automático e inconsciente, y que eso se puede modificar.

¿Cómo cambiar?

Se cambia cuando paras y dejas de hacer las mismas cosas robóticas y repetitivas de siempre. Entonces vas a empezar a saber, a conocerte, a vivir conectado experimentando esa diversidad y variedad tan única y singular que es cada individuo. Comenzarás a ver que no había confianza en ti mismo, que no te respetabas, que te forzabas a hacer cosas en pos de los “deberíamos”, aunque te hiciera daño. En síntesis, nuestras acciones no coinciden con nuestro sentir, y es porque no nos escuchamos. Despues de este conocimiento tan importante, la próxima vez podremos optar por actuar desde el amor y el respeto interno a uno mismo, y entonces notaremos la diferencia, tanto en la respuesta como en los sentimientos. Esa sensación nos acompaña y además nos enseña a fortalecer la brújula interior: el propio corazón. Y podremos comenzar a percibir y decidir desde allí. Cuando nuestras acciones y interacciones están guiadas desde este lugar, podemos estar presentes con nosotros mismos y con los demás. De este modo estaremos dispuestos a escuchar, para poder evolucionar. Y podremos conectarnos con la otra parte imprescindible de este escuchar, que es decir y expresar siempre lo que uno siente, la propia verdad en cada momento. Así, nos vaciaremos de aquello que nos separa y seremos receptivos en la comunicación y en aquello que nos une.

Para profundizar en esto te haré algunas preguntas prácticas que podrás responder y observarte en ello:

¿Existe alguna relación particular en tu vida en la que hayas estado reprimiendo tus sentimientos en vez de hablar lo que piensas?

Si es así, considera la posibilidad de tener una charla de corazón a corazón con esa persona y hacerle saber lo que te ha estado molestando. Habla desde un lugar de compasión y amor, y permanece abierto a escuchar lo que tiene que decirte en respuesta. Luego, observa cómo te sientes y cómo sientes la relación. Es muy probable que sea una gran sensación de alivio por haber transmitido tus emociones reprimidas.

¿Te sientes resentido?

Si no expresas abiertamente tus sentimientos a tus relaciones más cercanas, el resentimiento empezará a crecer dentro de ti, y luego detonará con las cosas más pequeñas y tontas. Si encuentras que, durante una discursión, vuelves a sacar la lista de todo aquello por lo que estás resentido, es que no estás expresando lo suficiente. Entonces, ¡sé vulnerable!

-Cuando un ser querido viene a hablar contigo, ya sea tu hijo, tu novia, tu esposo o tu madre, bríndales toda tu atención. Haz contacto visual, encuentra algo que apreciar, pregunta a la otra persona cómo se está sintiendo.

No des nada por hecho: pregunta si no estás seguro y enfócate en escuchar su respuesta, conectándote con ellos desde tu corazón.

Encontrarás que, al prestar atención a estos pequeños detalles, tus relaciones familiares serán más íntimas, mas honestas y amorosas.

El amor consciencia es contagioso.

Enfócate en valorar y dar gracias por las pequeñas cosas de la vida, por la belleza del mundo que te rodea, por la risa espontánea compartida con un amigo. Puedes incluso desafiarte a ver cuántas veces al día te es posible dar gracias en voz alta. Si algo o alguien te trae alegría, dale las gracias. Aprecia la belleza que ves a tu alrededor.

-Cada situación ofrece oportunidades para ser consciente.

En la oficina, por ejemplo, se pueden buscar formas de dar. Hay muchas maneras de dar: con mayor atención, o cuidado, estando atento, abierto y receptivo, en lugar de enfocado en lo que no estás recibiendo y alimentando la queja.

¿Dónde puedes dar más como unidad y ser parte de un equipo que trabaja hacía una meta común?

-Si no te gusta a actitud de alguien, díselo en lugar de quejarte a sus espaldas. Empezarás a descubrir que tu crítica puede ser realmente útil a los demás, alentándolos a mejorar como seres humanos y en sus roles de trabajo. Pero recuerda, no es una queja para que el otro quede mal y tu sentirte bien. Escucha lo que tiene que decir, y si hablas desde tu sentir más profundo, si duda serás escuchado.

Enfócate en escuchar, especialmente a aquéllos que suelen molestarte o causarte resentimiento. 

Artículo sacado de la revista Salud Alternativa escrito por Isha

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